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Momento de la deducibilidad de nuestros activos fijos

Si hemos de referirnos al momento en que podemos deducir nuestros activos fijos, es requisito indispensable y previo definir qué son este tipo de inversiones, pues en su denominación encontramos que son parte del activo de la empresa y que su característica es que no son movibles.

En su naturaleza física podemos definir a los activos fijos como “bienes propiedad del contribuyente”. El hecho de que se les denomine “fijos” no obedece a una consideración respecto a la inamovilidad que pudieran tener, pues los vehículos automotores, pese a su constante cambio de ubicación, se consideran activos fijos, sino que esa característica se les da en función de su finalidad, es decir, no se adquieren para ser enajenados sino para permanecer en propiedad del contribuyente ayudándole en la realización de sus actividades.

El segundo párrafo del artículo 32 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta define a un activo fijo como:

“El conjunto de bienes tangibles que utilicen los contribuyentes para la realización de sus actividades y que se demeriten por el uso en el servicio del contribuyente y por el transcurso del tiempo. La adquisición o fabricación de estos bienes tendrá siempre como finalidad la utilización de los mismos para el desarrollo de las actividades del contribuyente, y no la de ser enajenados dentro del curso normal de sus operaciones”.

Observamos en la definición fiscal, que un bien que pasa a formar parte del conjunto de los activos fijos de un contribuyente no solo puede ser adquirido, sino también puede integrarse a la masa de bienes después de haber sido fabricado por su propietario.

El quinto párrafo del artículo 31 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta establece dos opciones para el contribuyente respecto al momento en que puede comenzar a deducir sus inversiones, seguida cualquiera de ellas, a su elección, sin que ello conlleve a que pueda perder el derecho a efectuar la deducción, la cual puede efectuar a partir de:

1. El ejercicio en que se inicie la utilización de los bienes, o

2. Desde el ejercicio siguiente.

Como momento de deducción total de la inversión solo estos dos supuestos se consideran en ley. El quinto párrafo antes aludido establece una tercera opción pero esta limita proporcionalmente la deducibilidad ya que establece que:

“El contribuyente podrá no iniciar la deducción de las inversiones para efectos fiscales, a partir de que se inicien los plazos a que se refiere este párrafo. En este último caso, podrá hacerlo con posterioridad, perdiendo el derecho a deducir las cantidades correspondientes a los ejercicios transcurridos desde que pudo efectuar la deducción conforme a este artículo y hasta que inicie la misma […]”

Dicho de manera llana: en el ejercicio en que se pueda deducir un bien en la parte que corresponda a ese ejercicio y no se haya efectuado tal deducción se perderá el derecho a efectuarla.

Por: Redacción

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