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ECONOMÍA NACIONAL Y LOS RIESGOS HACIA EL SEGUNDO SEMESTRE

FONDOS SURA

El último trimestre de 2016 reveló una mejora en los balances macroeconómicos mexicanos respecto del trimestre previo: la cuenta corriente pasó de un déficit del 2.9 a 1.3% del PIB, gracias a la corrección del desbalance comercial no petrolero. La cuenta financiera también mejoró, al pasar de 1.7 a 4.7%, gracias al apetito de los extranjeros por los M bonos como secuela de los incrementos en tasa por parte de Banxico.

Asimismo, el dato de crecimiento del PIB fue favorable, pues si bien se desaceleró un tanto respecto al tercer trimestre, fue mayor a lo visto durante la primera mitad del año; inclusive, el sector industrial tuvo un respiro al salir de la zona de contracción. Además, el déficit público en 2016 fue significativamente menor respecto al año anterior, permitiendo una senda de endeudamiento menos pronunciada que en el pasado.

Es muy probable que este ímpetu se traslade al primer trimestre del presente año. Vemos que los datos de la demanda externa seguirán apoyados por la aceleración de la demanda global, un dólar que ya no se está apreciando tanto como en el pasado (lo que haría más atractiva la plataforma de producción de México-EU) y una renegociación menos negativa del TLCAN en un entorno de debilidad del peso mexicano.

Por otra parte, el consumo doméstico sorteará su estancamiento gracias al buen estado de salud que guarda el mercado laboral y el envío de remesas en niveles altos, aunque no descartamos una desaceleración a raíz de una inflación elevada y una menor expansión del gasto público. Todo esto, apuntalado por una gradual reducción en la demanda de gasolinas importadas gracias a precios elevados, es positivo para la cuenta corriente y las expectativas de crecimiento para el primer trimestre del año.

A su vez, la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico), con el arribo del subgobernador Alejandro Díaz de León y el retraso en la salida de Agustín Carstens hasta noviembre, no ha demostrado ser menos relajada hasta ahora, y sí más proactiva con el inicio de un programa de coberturas cambiarias que permitirá una senda de endurecimiento monetario menos agresivo, limitando las afectaciones sobre el crecimiento económico. Esto permitirá que el superávit en la cuenta financiera se preserve.

Desde luego, no todo es positivo. Existe preocupación sobre el rumbo de la inversión, toda vez que la confianza de los productores se encuentra en niveles de recesión y la incertidumbre relacionada con la renegociación del TLCAN sigue elevada. Tampoco podemos despreciar los riesgos asociados a las elecciones estatales y la elección presidencial que se avecinan, en donde figuras anti-mercado son muy competitivas, por lo que el efecto negativo que usualmente se observa sobre la inversión alrededor de este tipo de eventos, podría exacerbarse. El menor arribo de IED afectará el perfil de financiamiento de la cuenta corriente y, como es natural, perjudicará el dinamismo de la economía mexicana a lo largo de 2017.

Por otro lado, políticas antimigratorias muy severas en EU reducirían el envío de remesas. Otro riesgo es una Reserva Federal incrementando tasas de modo agresivo o por encima de lo que el mercado percibe como apropiado. Finalmente, la demanda global por manufacturas podría frenarse, o EU podría utilizar medidas no arancelarias para perjudicar las exportaciones mexicanas, como recientemente ocurrió con el azúcar. Estos factores frenarían la corrección del déficit de cuenta corriente o complicarían su financiamiento.

Aunque el escenario de muy corto plazo es favorable para la economía nacional, los riesgos siguen siendo elevados y es muy probable que materialicen buena parte de sus efectos perniciosos hacia la segunda mitad del año.

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