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Los depósitos en efectivo no necesariamente son ingresos omitidos

A diversos contribuyentes, las autoridades fiscales les envían “cartas invitación” para que regularicen depósitos en efectivo realizados en sus cuentas bancarias. Esa “regularización”, significa pagar impuesto sobre la renta respecto de esos depósitos en la presunción de que son ingresos omitidos.

Sin embargo, un depósito en efectivo no necesariamente es un ingreso omitido, pues puede provenir de: Salarios y pensiones depositados en cuentas personales, remesas de mexicanos en el extranjero a familiares en el país; producto de enajenaciones exentas de impuesto como lo son las de bienes muebles personales; donativos entre cónyuges, descendientes y ascendientes en línea recta; préstamos de familiares o amigos; herencias o legados, donativos exentos de impuesto entre no familiares, con los límites de ley; manejo de fondos de asociaciones de padres de familia, retiros que hacen las personas físicas de su actividad empresarial los cuales no son deducibles pero tampoco son objeto de impuesto para depositarse en cuentas personales, etc.

Lo salarios que cobramos en efectivo no están exentos de impuesto pero este ya fue retenido por el patrón, por lo tanto es improcedente pagar nuevamente el impuesto por el simple hecho de depositarlos en una cuenta.

Si bien la fracción III del artículo 27 de la Ley del Im­puesto Sobre la Renta esta­blece que los pagos cuyo monto exceda de $ 2,000.00 deben efectuarse me­diante cheque nominativo del contribuyente, tarjeta de crédito, de débito o de servi­cios, o a través de los monederos electrónicos que al efecto autorice el Servicio de Administración Tributa­ria; esta obliga­ción, puede no ser aplicable a los pagos que se hagan por la prestación de un servicio personal subordinado, es decir, estos, independientemente de su monto pueden pagarse en efectivo.

Los ingresos percibidos con motivo del reembolso de gastos médicos, dentales, hospitalarios y de funeral, que se concedan de manera general, de acuerdo con las leyes o contratos de trabajo se encuentran exen­tos de impuesto en los términos de la fracción VI del artículo 93 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta.

Los ingresos provenientes de cajas de ahorro de tra­bajadores y de fondos de ahorro establecidos por las empresas para sus trabajadores se encuentran exen­tos de impuesto en términos de la fracción XI del artículo 93 de la ley referida.

Los ingresos obtenidos por las personas que han es­tado sujetas a una relación laboral en el momento de su separación, por concepto de primas de antigüedad, retiro e indemnizaciones se encuentran exentos en los términos de la fracción XIII del artículo 93. Estos conceptos se consideran salarios y por lo tanto también pudie­ron ser pagados en efectivo por los patrones a sus trabajadores.

El artículo 94 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta preci­sa que “Se consideran ingresos por la prestación de un servicio personal subordina­do, los salarios y demás prestaciones que deriven de una relación laboral, incluyendo la participación de los trabajadores en las utili­dades de las empresas y las prestaciones percibidas como consecuencia de la terminación de la relación laboral”. No solo ello, sino que el referido numeral precisa que se asimilan a estos ingresos los siguientes (es decir, también pu­dieron ser pagados en efectivo):

1) Las remuneraciones y demás prestaciones, obte­nidas por los funcionarios y trabajadores de la Fede­ración, de las Entidades Federativas y de los Municipios, aun cuando sean por concepto de gastos no sujetos a comprobación, así como los obtenidos por los miembros de las fuerzas armadas.

2) Los rendimientos y anticipos, que obtengan los miembros de las sociedades cooperativas de produc­ción, así como los anticipos que reciban los miem­bros de sociedades y asociaciones civiles.

3) Los honorarios a miembros de consejos directi­vos, de vigilancia, consultivos o de cualquier otra índole, así como los honorarios a administradores, comisarios y gerentes generales.

4) Los honorarios a personas que presten servicios preponderantemente a un prestatario, siempre que los mismos se lleven a cabo en las instalaciones de este último. Se entiende que una persona presta ser­vicios preponderantemente a un prestatario, cuando los ingresos que hubiera percibido de dicho presta­tario en el año de calendario inmediato anterior, representen más del 50% del total de los ingresos por la prestación de servicios profesionales.

Para este supuesto, recuerde que antes de haber efectuado el primer pago de honorarios en el año de calendario de que se trate, las personas a que se refiere esta frac­ción debieron comunicar por escrito al prestata­rio en cuyas instalaciones se realice la prestación del servi­cio, si los ingresos que obtuvieron de dicho pres­tatario en el año inmediato anterior excedieron del 50% del total de los percibidos en dicho año de ca­lendario por la prestación de servicios profesionales.

En el caso de haberse omitido dicha comunicación, el prestatario estuvo obligado a efectuar las reten­ciones correspon­dientes, que como sabemos, son el 10% de impuesto sobre la renta y el 10.66% de impuesto al valor agregado, según lo establecen el artículo 106 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta, y los artículos 1-A de la Ley del Impuesto al Valor Agregado y 3 de su reglamento, respectivamente.

5) Los honorarios que perciban las personas físicas de personas morales o de personas físicas con actividades empresariales a las que presten servicios personales independientes, cuando comuniquen por escrito al prestatario que optan por pagar el impuesto como si se tratara de salarios.

6) Los ingresos que perciban las personas físicas de personas morales o de personas físicas con actividades empresariales, por las actividades empresariales que realicen, cuando comuniquen por escrito a la persona que efectúe el pago que optan por pagar el impuesto como si se tratara de salarios. Es en esta fracción en donde se coloca a los comisionistas independientes.

Por: Redacción

 

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